miércoles, 19 de junio de 2019

HELLO SUNSHINE


                                                                                              
Por Juan Martín Nogueira 
                                                                                    
              Otra vez una carretera y un auto que invitan a seguir un destino incierto, una libertad que se va haciendo a base de decisiones. Ya la invitación a Mary quedó en un pasado, el camino del trueno ya fue recorrido.

              La hoja que una vez estuvo en blanco, fue llenándose en la historia que recrea una vida.

           Y aquel joven que invitaba a lo desconocido es hoy un adulto que acepta la tristeza y el desengaño, al menos en la dosis que permite disfrutar sin hipocresías. Se trata quizás de saber convivir con la propia experiencia, para alcanzar el equilibrio en la tempestad de un mundo siempre en crisis.

“...Tuve suficiente angustia y dolor...Tuve un pequeño punto exacto para la lluvia...Esa que venía con el cielo gris...”

         Pero la invitación sigue intacta, y la ruta continúa siendo ese espacio que nos puede devolver la libertad, con esa latente esperanza de encontrar el lugar preciado. Pero siempre aceptando nuestra condición de vagabundos.

         Vacío, pero a la vez colmado de pasión. Solitario, pero siempre esperando encontrar el punto de encuentro exacto. El hombre que crece acepta la tristeza como parte de un camino que devuelve nuevos desafíos que llenan de esperanza esta vida.

          Son los opuestos que se enfrentan y se encuentran en esta dialéctica que todos enfrentamos en el día a día.

 “..Siempre me gustaron mis zapatos para caminar…Sin dejar de reconocer que podemos tener cierto aprecio por la tristeza...Caminando lejos hasta alejarse...”

       La sociedad nos pierde con su veneno tan frenético, sus necesidades distantes a las verdaderas, que nos traen angustia y desasosiego. No hay tiempo, y corremos a ninguna parte.

        Hasta que nos acordamos de ciertas promesas esenciales, tocando fondo en esos lugares que nos permiten volver a empezar.

“...Siempre amé los pueblos solitarios y las calles vacías...Sin nadie alrededor...  Enamorándome de la soledad...”

      Y ahí tenemos a mano el camino, un lugar que nos lleva, nos enfrenta, nos reconcilia con nuestro pasado.  Los fantasmas se despejan, y nuestros sueños piden realidad.

“...Siempre me ha gustado ese camino vacío...Sin un lugar para quedarse, y millas por recorrer...Que están muy lejos de aquí...”

       Y ahí está el camino que nos permite esperar, con el corazón abierto, un poco de luz redentora, un momento donde los opuestos se juntan y nos devuelven un instante de verdad.

      Y esa luz es maravillosa.

“...Hola rayo de sol!...No querés quedarte un instante conmigo...”

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